Qué es el TDAH

El TDAH es un trastorno del comportamiento bastante frecuente, ya que afecta a entre el 8 y el 10% de los niñ@s en edad escolar. Los niños son tres veces más propensos que las niñas a padecerlo, aunque todavía se desconoce la causa.

Los niñ@s actúan sin pensar, son hiperactivos y tienen problemas de concentración. Pueden entender lo que se espera de ellos pero tienen dificultades para completar las tareas, ya que les cuesta estarse quietos, prestar atención y atender a los detalles.

Todos los niñ@s (especialmente los más pequeños) se comportan de este modo en algunas ocasiones, sobre todo cuando están nerviosos o excitados.

Pero la diferencia entre este comportamiento y el TDAH es que en este trastorno los síntomas están presentes durante un periodo más largo, afectan a diferentes ambientes o contextos e impiden que el niño se desenvuelva adecuadamente en el medio social, académico y doméstico.
A pesar de ello, los niñ@s con TDAH, con el tratamiento adecuado, pueden aprender a vivir con sus síntomas y a controlarlos bien.

Definición TDAH

El TDAH es un trastorno biológico de origen neurológico, provocado por una producción insuficiente o irregular de dos neurotransmisores cerebrales (sustancias químicas cuyo objetivo es producir una correcta comunicación entre las neuronas): Dopamina y Noradrenalina, que afectan directamente a las áreas del cerebro responsables del autocontrol y de la inhibición del comportamiento inadecuado.

SÍNTOMAS DEL TDAH Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

El TDAH antes se conocía como “Trastorno por Déficit de Atención” o TDA. En 1994, se le adjudicó un nuevo nombre y se dividió en tres categorías, cada una asociada a un patrón de comportamiento característico:

Inantención:

  • Incapacidad para prestar atención a los detalles o tendencia a cometer errores en los trabajos escolares u otras actividades por simple descuido
  • Dificultad para mantener la atención de forma continua en las tareas o en los juegos lúdicos
  • Aparentes problemas de audición
  • Dificultad para seguir instrucciones
  • Problemas de organización
  • Desagrado y/o tendencia a evitar las actividades que requieren esfuerzo mental.
  • Tendencia a perder objetos, como juguetes, cuadernos o deberes escolares
  • Dispersión y facilidad para distraerse
  • Tendencia a los olvidos en las actividades cotidianas

Hiperactivo-Impulsivo:

  • Gestos o movimientos repetitivos que denotan nerviosismo o intranquilidad
  • Dificultad para permanecer sentado
  • Tendencia a correr o trepar de forma excesiva
  • Dificultad para jugar tranquilamente
  • Sensación de estar siempre “en marcha”
  • Habla excesiva o descontrolada
  • Responder preguntas de forma impulsiva sin escuchar completamente la pregunta
  • Dificultad para esperar el turno o guardar fila
  • Tendencia a interrumpir o inmiscuirse

Combinado:

Incluye una combinación de los dos tipos anteriores y es el más frecuente.

Aunque puede ser un verdadero desafío educar a un niño con TDAH, es importante recordar que los niños que padecen este trastorno no son “malos”, no “intentan hacerse ver” ni se portan mal a propósito.

Los niños diagnosticados con TDAH tiene dificultades para controlar su comportamiento, a no ser que reciban medicación y/o tratamiento conductual.

Problemas Relacionados con el TDAH Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Una de las dificultades para diagnosticar un TDAH es que se suele presentar junto con otros problemas. A esto se le denomina “afecciones coexistentes” y aproximadamente dos tercios de todos los niños con TDAH las presentan. Las principales afecciones coexistentes son:

Negativista desafiante: Por lo menos el 35% de todos los niños con TDAH también padece un trastorno negativista desafiante, que se caracteriza por la terquedad, los arranques de ira, los actos de desafío y el incumplimiento de normas.

Trastorno disocial: El trastorno disocial es similar pero con un mayor grado de hostilidad y de agresividad. Los niños que sufren este trastorno son propensos a meterse en problemas con las figuras de autoridad.

Tanto el trastorno negativista desafiante como el trastorno disocial se observan más a menudo en los subtipos de TDAH hiperactivo-impulsivo y combinado.

Trastorno del ánimo: Aproximadamente el 18% de los niños con TDAH, sobre todo los del tipo inatento, también presentan depresión. Los niños se pueden sentir inadaptados, aislado, frustrados por los fracasos escolares y los problemas sociales y tener baja autoestima.

Trastorno de ansiedad: El trastorno de ansiedad afecta aproximadamente al 25% de los niños con TDAH. Los síntomas incluyen preocupación excesiva, miedo, o pánico, que también pueden desencadenar síntomas de carácter físico, como palpitaciones, sudores, dolor de estómago y diarrea. Otras formas de ansiedad que pueden acompañar al TDAH son el trastorno obsesivo-compulsivo y el síndrome de Tourette, así como los tics nerviosos vocales o motores (movimientos o sonidos que se repiten una y otra vez). Si un niño presenta síntomas de estas afecciones debería ser evaluado por un especialista.

Trastornos de aprendizaje: Aproximadamente la mitad de los niños que padecen un TDAH también presentan trastornos del aprendizaje. Los problemas de aprendizaje más habituales son los relacionados con la lectura (dislexia) y la escritura. A pesar de que el TDAH no está categorizado como un trastorno del aprendizaje, sus problemas de atención y concentración pueden interferir notablemente en el rendimiento escolar de los afectados.

Si su hijo tiene un TDAH y una afección coexistente, su pediatra lo tendrá muy en cuenta a la hora de desarrollar su programa de tratamiento. Algunos tratamientos son mejores que otros para tratar combinaciones específicas de síntomas.

Diagnóstico del TDAH Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

Puesto que no existe ninguna prueba que permita determinar la presencia del TDAH, su diagnóstico implica una evaluación completa del niño. Muchos niños y adolescentes diagnosticados de TDAH son evaluados y tratados por médicos de atención primaria, es decir, por pediatras o por médicos de familia, estos últimos remiten a los niños a distintos especialistas como psiquiatras, psicólogos o neurólogos, sobre todo en los casos donde el diagnóstico no está del todo claro o cuando sus síntomas se combinan con los de otras afecciones, como el síndrome de Tourette, trastorno del aprendizaje, ansiedad o depresión.

Para que un niño pueda ser diagnosticado de TDAH necesita presentar comportamientos de algunos descritos en el apartado de “Síntomas” mencionados antes de cumplir los siete años.

Estos comportamientos deben ser más intensos que en otros niños de la misma edad. Los comportamientos deben durar un mínimo de seis meses.

Los comportamientos deben ocurrir y afectar negativamente a un mínimo de dos áreas de la vida del niño: en la escuela o la guardería, en el entorno doméstico y en las relaciones sociales.

Los comportamientos del niño tampoco deben estar relacionados con el estrés que se vive en su familia. Los niños que han experimentado un divorcio, una mudanza, una enfermedad, un cambio de escuela u otro cambio importante en su vida pueden empezar súbitamente a portarse mal y/o a mostrarse olvidadizos. Para evitar hacer diagnósticos erróneos, es importante analizar si los factores anteriores pueden haber ejercido algún papel en la aparición de los síntomas.

En primer lugar, el médico llevará a cabo un examen físico de su hijo y tomará en cuenta sus antecedentes médicos. A tal efecto, les formulará preguntas sobre sus síntomas, su salud en el pasado y en el momento actual, la salud de los demás miembros de la familia, los medicamentos que toma, así como las alergias que padece y otras cuestiones importantes.

Es posible que el médico también le evalúe la vista y la audición a fin de descartar otras posibles afecciones.

Debido a que algunas afecciones emocionales, como el estrés extremo, la depresión y la ansiedad, pueden parecerse al TDAH, lo más probable es que el médico le pida que complete cuestionarios sobre su hijo a fin de descartar estas últimas afecciones.

Es probable que el médico le pida información sobre el desarrollo y el comportamiento de su hijo en casa, en el colegio y en sus relaciones sociales.

Puede que también consulte a los adultos que ven a su hijo con regularidad, como los profesores, que suelen ser los primeros en detectar los síntomas del TDAH. También es posible que el médico solicite una evaluación del niño en temas educacionales al psicólogo y orientador escolar del centro de estudios del niño.

Es importante que todas las personas implicadas en el proceso sean todo lo sinceras y meticulosas que sea posible en lo que se refiere a los puntos fuertes y débiles del niño.

Tratamiento del TDAH Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

El TDAH no se puede curar, pero se puede manejar; es decir, se pueden controlar sus síntomas eficazmente. El médico del niño trabajará con usted para desarrollar un programa de tratamiento individualizado y a largo plazo. Su meta consistirá en ayudar a la familia a crear una atmósfera que facilite conseguir esa meta.

En la mayoría de los casos, la mejor forma de tratar un TDAH es mediante una combinación de medicación y tratamiento conductual.

Cualquier buen programa de tratamiento requerirá un atento seguimiento y supervisión por parte del médico, que podrá ir haciendo adaptaciones o ajustes a lo largo del tiempo.

Puesto que es importante que los padres participen de forma activa en el programa de su hijo, la formación de los padres también se considera parte fundamental del manejo del TDAH.

TRATAMIENTO CONDUCTUAL

Las investigaciones ha demostró que los medicamentos para tratar el comportamiento impulsivo y las dificultades de atención son más eficaces cuando se combinan con tratamiento conductual. Este tipo de tratamiento intenta modificar los patrones de conducta:

  • Reorganizando el ambiente escolar y en el hogar del niño
  • Dando instrucciones y directrices claras sobre la forma de actuar
  • Estableciendo un sistema consistente de recompensas para las conductas apropiadas y de consecuencias negativas para las inapropiadas

TRATAMIENTOS ALTERNATIVOS

En la actualidad, los únicos tratamientos del TDAH que los estudios científicos han demostrado eficaces son la medicación y el tratamiento conductual. De todos modos, es posible que el médico de su hijo le recomiende tratamientos e intervenciones adicionales en función de sus síntomas y necesidades concretas. Algunos niños con TDAH, por ejemplo, pueden necesitar intervenciones educativas especiales, como uso de tutores terapia ocupacional, etc. Cada niño tiene sus propias necesidades.

Existe una serie de tratamientos alternativos que han sido publicitados y probados por algunos niños con TDAH: dosis elevadas de vitaminas, tratamientos corporales, manipulación dietética, tratamiento de las alergias, tratamiento quiropráctico, entrenamiento de la atención, entrenamiento de la vista y psicoterapia individual tradicional. De todos modos, las pocas investigaciones científicas que se han realizado no han permitido constatar la eficacia de estos tratamientos alernativos y la mayoría de ellos o no se han estudiado en absoluto o no se han estudiado con suficiente detenimiento.

Los padres deben ser muy cautelosos con cualquier tratamiento o terapia que prometa “curar” el TDAH. Si usted está interesado en probar algo nuevo, coménteselo antes al médico de su hijo.

Medicamentos para  el TDAH Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

“La información expuesta en este apartado es meramente orientativa, la medicación debe ser indicada, recomendada y supervisada por un médico especialista”

Se pueden utilizar varios tipos de medicamentos para tratar un TDAH:

  • Los fármacos estimulantes son el tratamiento más conocido, ya que se han estado utilizando durante más de 50 años para tratar el TDAH. Algunos requieren varias tomas al día, de 4 horas de efecto, pero hay otros que duran hasta 12 horas. Entre sus posibles efectos secundarios, se incluyen la pérdida de apetito, el dolor de estómago, la irritabilidad y el insomnio. Por ahora, no existe evidencias de efectos secundarios a largo plazo.
  • Los fármacos no estimulantes representan una buena alternativa a los estimulantes y a veces se utilizan junto con estos últimos para tratar el TDAH. En el año 2003 se aprobó el primer fármaco no estimulante para el tratamiento del TDAH. Es posible que presenten menos efectos secundarios que los estimulantes y sus efectos terapéuticos pueden durar hasta 24 horas.
  • Los fármacos antidepresivos a veces son una opción para tratar el TDAH. De todos modos, en el año 2004, la FDA de EE.UU. emitió un comunicado que advertía de que estos fármacos pueden conllevar un ligero incremento del riesgo de suicidio en niños y adolescentes. Si el médico recomienda un antidepresivo a su hijo, asegúrese de hablar con él sobre este riesgo.

Los medicamentos afectan a distintos niños de formas diferentes, de modo que un niño puede reaccionar positivamente a un medicamento y mal a otro.

En el momento de determinar el mejor tratamiento para su hijo, el médico es posible que pruebe distintos medicamentos a varias dosis diferentes, sobre todo si su hijo ha de recibir tratamiento tanto para el TDAH como para otro trastorno.


Las personas que rodean al paciente con TDAH también presentan una calidad de vida deficitaria. Por ejemplo, los padres, pueden sentir que no están a la altura de las exigencias que supone tener y educar a un hijo correctamente. Pueden culpabilizarse de los problemas que tiene su hijo para desenvolverse en el colegio, en casa y en sus relaciones sociales. Comparado con padres de niños no TDAH, se sienten más deprimidos y en muchas ocasiones acaban con aislamiento social.

Por eso asociarnos y conocernos es una opción para entender y compartir con otros padres y niños las distintas etapas por la que se pasa.